Comenzamos
a las 10 de la mañana con el grupo de niños de 2 a 3 años de la
clase de Rubén y Sara. Antes de entrar y fuera de la sala de psico
les hago una pequeña presentación de los materiales que van a haber
dentro de la sala.
Les
decimos que pueden pasar y explorar con los materiales, que son para
ellos.
El grupo
de niños que entra primero entra corriendo y van derechos a dónde
están las flaneras y la arcilla seca sobre la bolsa de plástico
negra, pasando por alto el primer espacio, más ligero en cuanto a
cantidad de materiales y estéticamente hablando.
Los niños
que van más despacito observan y algunos se quedan en el primer
espacio y otros exploran más allá donde está la arena, barro y
ramitas; para comenzar hacer dibujos inmediatamente con palos. El
primer grupo que entro está sentado alrededor de las flaneras y ya
están jugando con el agua haciendo barbotina, cortando la arcilla
con los palos y manchándose los pies. Hay mucho movimiento y mucha
expansión algunos niños golpean con los palos la arcilla pegada y
dicen: “son cacas que qué asco”.
Ahora
hacen huellas con sus pies sobre el suelo limpio. Uno de los niños
dice “son mis huellas” y los demás repiten “son mis huellas,
son mis huellas”.
Más o
menos la mitad de la clase está jugando alrededor de todo el
espacio, hay muchísima expansión y movimiento. Algunos golpean con
los palos las paredes, otros en cambio se han quedado y permanecen
trabajando con la ardilla explorando en el lugar delimitado.
Solamente
la entrada me ha recordado mucho a las sesiones de psicomotricidad,
cuando entran dispuestos a tirar el muro de bloques de
psicomotricidad.
Ahora
algunos niños cogen bloques más grandes de arcilla y las tiran
contra suegra saltan sobre ellas y las rebozan como si fueran filetes
empanados. Aparece aquí el juego simbólico.
A los 20
minutos la mitad de los niños están corriendo y golpeando, solo 6 o
7 niños están más centrados jugando en las áreas delimitadas. Los
educadores invitan a quienes corren a ir a la clase y quedamos
quienes están más concentrados en continuar con su actividad.
Hoy
destacaría el hecho de que el contexto es sumamente importante de
como el espacio delimita y enmarca la acción, contextualizando la
gracias a sus previas experiencias.
Nos
quedamos con un grupo de 8 niños y niñas. Son las 10:30 y algunos
juegan de manera individual, otros juntos. Hay un niño que lanza la
arcilla con fuerza contra el suelo y le pregunta otro niño: “¿cuánto
filetes quieres? y el otro niño contesta: “muchos” y lanza otro
trozo de arcilla contra el suelo. Repiten la misma secuencia hasta
cuatro o cinco veces en una especie de danza repetitiva.
Después
de 45 minutos damos por concluida la actividad y los niños vuelven a
su aula.
El segundo
grupo entramos a las 11:40, esta vez son solo cinco niños. La luz
está más bajita y les digo que vamos a entrar como a una cueva y
que hoy no hay psicomotricidad. Los cinco niños entran mucho más
despacito que lo anterior se acerca en el primer espacio y lo miran
después comienzan a coger los palitos y al descubrir los pinceles
los cogen y comienzan a trazar sobre la arena. Ahora uno de los niños
clava los pinceles en un bloque de arcilla.
Llevamos
unos 15 minutos y ha comenzado una danza desde uno de los espacios
delimitados al otro, una niña moja la arcilla seca y dice ha
cambiado al observar que su apariencia se ha transformado. Los niños
mojan la arcilla y los pinceles el espacio negro y la trasladan hacia
el papel en blanco para pintar allí. Otra de las niñas decide coger
una de las flaneras y llevarla hasta el espacio en blanco para no
tener que desplazarse constantemente. Otra de las niñas coge una
tela y empieza a correr. Hay materiales que nos invitan más al
movimiento como por ejemplo las telas. Ahora una de las niñas pinta
el suelo y dos niños corren con telas por el espacio.
Ahora el
movimiento se ha extendido hasta el espejo. Van yendo desde un
extremo a otro transportando arcilla húmeda con los pinceles hasta
el espejo para pintarlo.
Pasadas
las 12 preguntamos quién quiere volver al aula y dos de las niñas
parecen querer quedarse, pero al ver que los otros tres niños se
van, deciden irse también y dar por teminado ese juego.





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